Plaza de Getafe 1, Madrid

Una persona muy querida siempre me recuerda que la iglesia debe mantener el enfoque en la misión que el Señor nos encomendó. Tiene toda la razón porque si no es así, nos despistamos de lo realmente importante. Cuando tratamos de hacer la obra del Señor siempre existen muchos obstáculos y detractores como encontramos en muchas historias bíblicas, como en el escrito de Nehemías.

En el capítulo cuatro de ese libro, se nos habla de las precauciones contra los enemigos que hubo que enfrentar y como verdaderamente no fueron pocos los obstáculos para levantar el muro de la ciudad. Hubo personas con poder, mucho poder, que se burlaron y que cuestionaron todo desde la primera piedra que se colocó argumentando que incluso si un animalito pisara el muro este no aguantaría. Esto evidentemente hizo mella en el pueblo que edificó hasta la mitad y comprobó que la gasolina del entusiasmo se iba agotando.

En esa situación y con las defensas bajas el enemigo se creció aun más. Vaya panorama. La cosa fue a peor y el pueblo cada vez con menos fuerzas empezó a ver escombros y polvo por todos lados y a no ver la posibilidad de acabar el muro. En realidad, nadie había dicho que se acabaría en un día como insinuaron los enemigos tratando de ridiculizar a Nehemías y su gente. Una de las enseñanzas vitales aquí es que hacerse una imagen falsa de la realidad es realmente peligroso para cualquier persona, pero en este caso, sirvió para que la oposición creciera cada vez más y la crítica se convirtió en conspiración.

Justo en ese momento la oración fue clave y levantó toda una estrategia de edificación conjunta del muro suponiendo un punto de inflexión en esta historia para que la obra no cesara. La actitud espiritual de búsqueda de Dios en momentos de apuros hizo que el pueblo se organizara. Llevados por Nehemías y su equipo todo el pueblo unido recordó que el Señor es “grande y temible” y que no debían temer a sus enemigos. El pueblo unido al Señor jamás será vencido. Y así fue como todos juntos se volvieron al muro y cada uno a su tarea particular. Unos hacían unas tareas y otros otras, pero con un mismo objetivo. Incluso había alguien con una trompeta para avisar si había problemas.

La gran enseñanza aquí es que nunca debemos dejarnos desanimar cuando realizamos la obra del Señor. A veces tendremos un aviso espiritual y sonará esa trompeta a nuestro lado, así que mantengamos el enfoque en la misión a pesar de los ataques y reforcemos nuestros puntos más débiles.

Pastor Rubén Gramaje

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