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Reflexión Bíblica: El Buen Pastor

Nuestra iglesia lleva como nombre “Buen Pastor”, que es un título que Jesús usa en Jn 10 para describir su misión. Este es un pasaje conocido, al que muchas generaciones de creyentes han acudido en busca de enseñanza y consuelo, y al que te sugiero que acudamos de nuevo en estos tiempos tan inciertos que estamos viviendo. 

En primer lugar, ubiquemos el texto en su contexto: en el capítulo 9, Jesús ha sanado a un ciego de nacimiento, que luego es expulsado (9:34), posiblemente de la sinagoga (9:22) por confesar a Jesús. Jesús, por tanto, procede a contrastar a los líderes religiosos judíos que habían expulsado a este ciego del rebaño, consigo mismo, que es el buen pastor. Para los judíos, familiarizados con la ganadería, esta era una imagen fácil de entender, que además fue usada con frecuencia en el Antiguo Testamento (por ejemplo, el conocido Salmo 23): vemos que Jesús es el buen pastor y quienes le siguen, es decir, nosotros, somos sus ovejas. 

Ahora bien, ¿qué caracteriza a este buen pastor? Lo primero que vemos, contrastando con los líderes religiosos judíos, es que Jesús cuida de los despreciados, como el ciego del capítulo 9. Si te sientes pequeño, insignificante o despreciado, mira lo que dice 10:3, 14: Jesús conoce a sus ovejas. No hay oveja demasiado pequeña, insignificante o de poco valor: todas importan para Jesús. En otra parábola de los evangelios, Jesús afirma que él como pastor va a buscar a la oveja perdida. En nuestro mundo, es fácil sentirse pequeño e insignificante por muchos motivos, pero para Jesús, el buen pastor, tú vales mucho. 

Asimismo, el buen pastor no sólo conoce a sus ovejas, sino que también las cuida, ¡y de qué manera! El versículo 10 afirma que Jesús quiere que sus ovejas tengan vida, y no una vida cualquiera, sino una vida abundante. Carson afirma que esta vida abundante incluye la vida eterna, conocer a Dios, tener alimento espiritual abundante y seguridad en Jesús. En tiempos de crisis, como en la actualidad, podemos sentirnos tentados a confiar en un “salvador humano”: la historia nos enseña que esta confianza está destinada al fracaso. Sólo hay un buen pastor que nos ofrezca una vida abundante, y la pregunta, por tanto, es la siguiente: ¿disfrutas de esta vida abundante ahora mismo?

Juan Parras

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